Archive - julio 2006

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El Periodista como agente de Protección Civil

Cuando surge la emergencia todos son prisas. Lo son en las redacciones y como no en los servicios de emergencia. El periodista acudirá a la administración para buscar entre sus filas a los portavoces de las tragedias, de los que de entrada sospecha. A priori les considerá incompetentes, manipuladores, cuando no mentirosos, faltos de diligencia, torpes. Pero les necesita para contrastar la información. No se fía de ellos, pero les requiere. No cree en ellos pero acudirá en su búsqueda para conocer qué está ocurriendo y, como ya hemos dicho, cuanto más se parezca el perfil de este portavoz al de un político, más reducida será su credibilidad.

Desde el lado de la administración la visión no será menos interesada. Sólo se quiere cerca al periodista cuando nos es útil para difundir los mensajes que interesa poner en conocimiento de la opinión pública. Su presencia será indeseada por su alto grado de intrusismo e ingerencia, pero “hay que convivir con ellos y emplearles para defender nuestra imagen o comunicar nuestras recomendaciones de protección civil”.

Estamos por tanto frente a una mutua relación de amor y odio en la que brilla un interés común. Es en esta tesitura donde un servicio de información de emergencias debe intentar transformar esta visión antagónica y maniquea transmutando al periodista en una auténtica herramienta de comunicación, una colaborador de protección civil, un canal de comunicación ágil y fluido con el ciudadano. El periodista puede dejar de ser un intruso y convertirse por lo tanto en un elemento valioso en la gestión de la emergencia. Para ello, estableceremos una relación sólida y fluida entre ambas partes que debe de surgir del mutuo conocimiento, respeto y confianza. Ambos deben saber hasta donde pueden colaborar, qué precisan el uno del otro, y cúales son sus límites.

Para que este proceso sea exitoso es conveniente que las redacciones designen de entre sus componentes a profesionales experimentados que se especialicen en el área de sucesos, y que de forma habitual trabajen la información de emergencias y catástrofes. Así, el servicio de información de emergencias deberá ofrecer, de forma complementaria, una oferta formativa especializada a los Medios de Comunicación, que permita que estos profesionales conozcan más de cerca el funcionamiento de las emergencias y el marco operativo y legal en el que se mueven. Del conocimiento y el contacto diario surgirá una mutua confianza, esencial cuando se desencadene la catástrofe.

Para facilitar esa complicidad es preciso el conocimiento personal entre los profesionales de la comunicación y los agentes del servicio de información de emergencias. Relación humana y de confianza que se afianza con la mutua preocupación por los intereses y preocupaciones del otro. ¿Cómo se encuentra?, ¿qué tal las últimas vacaciones?, ¿operaron ya a tu hijo, fue todo bien? Preocupación real y no fingida. Al fin y al cabo ambas partes tienen una obligación de servicio público como marca nuestra Constitución y las leyes que la desarrollan.

El Periodismo de Emergencias es una herramienta fundamental para hacer frente a las crisis emergentes

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