Archive - julio 2019

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El Santander y Orcel. Parte II. El ataque como estrategia.
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El Santander y Orcel ¿Se pueden grabar las conversaciones propias?
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Crisis de valores. La comunicación debe abanderar la regeneración

El Santander y Orcel. Parte II. El ataque como estrategia.

El diario El Mundo ofrece hoy con el título “El vídeo de Botín para la batalla” la segunda columna de opinión de Carlos Segovia, mezcla de dos géneros periodísticos: el de la opinión y el reportaje. En la entrega de hoy el Santander, por boca de El Mundo, le manda a Andrea Orcel una nueva andanada que se queda algo corta, pese a la intención guerrera del titular. En este caso, frente a las grabaciones de Orcel a la presidenta del banco, contrapone un supuesto vídeo grabado al banquero donde él acepta la decisión de la entidad de no incorporarlo.

Tras la lectura de la columna, y desde la perspectiva del análisis de la gestión de crisis, se desprenden dos conclusiones siguiendo el modelo SCCT de Coombs.

• El Santander, por boca del articulista, intenta arrogarse en algunos momentos el papel de víctima. Sobre todo cuando se hace alusión a que Orcel podría revelar con sus grabaciones el tipo de trato que D. Emilio Botín daba a su hija y cómo ella gestiona el banco. En algunos otros lances del artículo sí hay un cierto señalamiento de culpa. Pero es casi una elipsis que realiza el articulista al señalar la responsabilidad de la banquera para inmediatamente girar sus cañones hacia el italiano “ Botín debe hacer autocrítica por haberse precipitado a anunciar el fichaje -a petición para más inri de Orcel y del jefe de UBS, Axel Weber- sin amarrar su coste, pero acierta en dar marcha atrás con quien da tan pésima imagen de la élite financiera mundial.

• Como estrategia fundamental de protección de la reputación se ha optado por el la técnica de el Ataque. Es decir, se trata de arremeter contra quien realiza las acusaciones. Salir al ataque contra quien acusa. Atacar su credibilidad o legitimidad. Es decir, la crisis es su responsabilidad.

Por lo tanto, vemos una combinación de técnica de ataque tratando de situarse el Santander, que es quien tiene en este momento la crisis, en un papel de víctima. El objetivo es, obviamente, que la atribución del rol pase al banquero italiano en el juicio de la opinión pública.

Veremos qué piensa su señoría en el tribunal. Pero para eso queda un tiempo y el equipo de comunicación del Santander juega bien sus cartas intentando restarle espacio informativo a Orcel. Es evidente que el ejemplo de dejar hacer dado recientemente por otras entidades crediticias ha demostrado que, normalmente, el silencio no es rentable en esto de las crisis.

El Santander y Orcel ¿Se pueden grabar las conversaciones propias?

Sorprende hoy leer en la home de la versión digital de el diario El Mundo el siguiente titular “Orcel.El frustrado fichaje del Santander admite que espiaba a Botín en defensa propia”. Sorprende por cuanto el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua entiende por espiar: “Acechar, observar disimuladamente a alguien o algo. Intentar conseguir informaciones secretas sobre un país o una empresa.” Desde luego a la luz de lo que se ha publicado, e incluye en su artículo el propio diario, no parece que sea el caso. Vayamos por partes.

En primer lugar, grabar una conversación de la que uno forma parte no es delito como efectivamente ha asegurado a El Mundo el entorno de Orcel. Según señalan los letrados Eva María del Haro y José Domingo Monforte en un reciente artículo en Legal Today: “Antes de la entrada en vigor de nuestra actual Ley procesal, el Tribunal Supremo ya se había pronunciado en estos términos en Sentencias n.º 883/1994, 178/1996, 914/1996, 702/1997 y 286/1998, manteniendo que «la grabación de una conversación que tiene lugar entre dos personas y que uno de los intervinientes desea conservar para tener constancia fidedigna de lo tratado entre ambos, no supone una invasión de la intimidad o espacio reservado de la persona ya que el que resulta grabado ha accedido voluntariamente a tener ese contacto y es tributario y responsable de las expresiones utilizadas y del contenido de la conversación, que bien se puede grabar magnetofónicamente o dejar constancia de su contenido por cualquier otro método escrito. Cuando una persona emite voluntariamente sus opiniones o secretos a un contertulio sabe de antemano que se despoja de sus intimidades y se las trasmite, más o menos confiadamente, a los que les escuchan, los cuales podrán usar su contenido sin incurrir en ningún reproche jurídico.”

Pero es más, los letrados afirman que la exposición de motivos de la ley de enjuiciamiento civil señala que “La apertura legal a la realidad de cuanto puede ser conducente para fundar un juicio de certeza sobre las alegaciones fácticas, apertura incompatible con un número determinado y cerrado de medios de prueba. Además resulta obligado el reconocimiento expreso de los instrumentos que permiten recoger y reproducir palabras, sonidos e imágenes o datos, cifras u operaciones matemáticas”

Es decir, y terminan ambos letrados en su artículo: “nuestros Tribunales, no sin cierto retraso con la realidad temporal, son proclives a la admisión de estos medios de prueba, si quieren buscar y conocer la verdad de los hechos, como es su obligación. Cuestión distinta es la garantía de la veracidad o autenticidad del instrumento de filmación o grabación, y el valor probatorio de estos medios de prueba.”

La estrategia de el Santander

Frente a esto se entiende perfectamente que el Santander haya tratado, ante el conocimiento de que Orcel grabó a su presidenta, de descalificar la moralidad de la acción. Podemos de hecho leer en El Mundo el contenido del comunicado del propio banco de fecha 26 de julio: “Según ha conocido el banco por la demanda, el Sr. Orcel comenzó el 12 de enero de 2019 a grabar conversaciones privadas sin consentimiento ni conocimiento de sus interlocutores, una práctica de dudosa calidad ética y moral para alguien que pretendía desempeñar el puesto de consejero delegado de Banco Santander, lo que viene a confirmar que la decisión adoptada por el consejo de Banco Santander fue la adecuada”.

Buen intento sin duda por parte del Santander de desacreditar reputacionalmente a Orcel ante la opinión pública y tratar de brindar a su presidenta ante la posible filtración de cualquier audio comprometedor algo que, dudo mucho que ocurra, porque Orcel sabe perfectamente que esas grabaciones sólo las puede usar como prueba ante un tribunal y que su publicación no sería legal.

De ahí que el ataque del Santander vaya hacia la moralidad de la acción. Lo sorpréndente, sin embargo, es que el entorno de Orcel haya acudido, como contra relato, a hablar de una actitud defensiva del banquero en vez de ir a la base misma de la acción. Porque grabar las conversaciones en las que uno se ve inmerso es completamente lícito nos guste más o nos guste menos. Insisto. Como dice el Supremo y hemos leído más arriba: “ya que el que resulta grabado ha accedido voluntariamente a tener ese contacto y es tributario y responsable de las expresiones utilizadas y del contenido de la conversación”. Y esto nos afecta a todos. A usted, a mi, e incluso a la presidenta del Santander.

La mejorable defensa de Orcel

Por lo tanto, sorprende cuando menos en la defensa de Orcel haberle señalado a El Mundo como único argumento que “grabar no es delito si el autor está presente en la conversación y que el italiano fue aconsejado a hacerlo por sus asesores legales de la época ante el intento de engaño que, en su opinión, estaba sufriendo por parte de la entidad cántabra al dar marcha atrás con su fichaje.

Querido asesores del señor Orcel, y como sugerencia, mejor que el argumento de la defensa propia vayan ustedes por el de la garantía de los derechos que como ciudadanos a todos nos asisten y nos permiten ser sujetos de derecho procesal con las mismas garantías.

Eso sí, que no se les escapen las grabaciones porque ese día se han caído con todo el equipo.

Crisis de valores. La comunicación debe abanderar la regeneración

En un mundo líquido donde la hiperconexión nos ha vuelto hipervulnerables, la crisis y la incertidumbre reinante ha convertido el sentir social en un paradigma de visión distópica del futuro. Vivimos en una sociedad atenazada por el miedo. Grandes riesgos sociales nos sobrevuelan: la grave crisis climática, la polarización política y económica, el tráfico de nuestros datos personales y los avances de la IA junto a un futuro de ciborgs.

Frente a este panorama es preciso que alguien coja la bandera de la esperanza. La sociedad espera de las organizaciones que lideren un cambio de tendencia. alguien que señale el camino de los valores que transformen la actual crisis en una oportunidad.

Es precisa la generación de una nueva narrativa basada en valores y en compromiso social y ético en medio de un mundo VUCA en el que los cambios continuos y la ambigüedad existente requiere adaptaciones constantes que redefinan y guíen a la sociedad hacia su nuevo rumbo. Y debe hacerse desde organizaciones transparentes, sensibles al estado de ánimo general y decididas a realizar las acciones quirúrgicas necesarias para reactivar el ánimo social.

Es evidente que mientras los políticos no ven más allá del reparto de sillones, la sociedad debe configurar nuevos liderazgos que generen una nueva narrativa de compromiso social regenerador. Nadie mejor para hacerlo que el sector de la comunicación y el marketing donde trabajan los mejores contadores de historias ¿Quiénes mejor que ellos para poner las bases de un storydoing basado en valores y futuro, y volcarlo en el mejor storytelling?

Como dice Pau Solanilla en su libro La República de la Reputación “en tiempos de incertidumbre es necesario reconstruir el vínculo emocional entre política, economía y sociedad”.

Si como señala el barómetro de la confianza de Edelman de 2018 “nos falta voluntad para creer en la información, incluso de aquellos más cercanos” , es natural la desconfianza existente en la política, la economía y los medios de comunicación. Porque, ¿qué fue de los hechos en una sociedad donde impera la desinformación?

Necesitamos pues especialistas en la comunicación dispuestos a liderar un proceso de cambio social que, frente al desánimo y la incertidumbre generalizada, reúna y concite a lo mejor de la sociedad, la ciencia, la investigación, las ONGs, la economía. Cualquier sector que, no sólo se niegue a rendirse al desánimo y la crispación, sino que juntos estén dispuestos a generar la narrativa que abandere la catarsis colectiva que necesitamos para huir del futuro distópico al que nos conduce el relato general imperante.

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