Aún no sé porqué me decidí en el último momento a hacerme periodista. Probablemente porque de historiador lo iba a tener más crudo y sobre todo porque a mi madre no le gustaba. Y es que no hay nada mejor que decirle a un adolescente lo que no tiene que hacer para que se lance a ello como un Miura.

El caso es que fui encontrando un componente de reto y de aventura que me fascinó poco a poco hasta hacer que me enamorara de mi protección. Ese componente de aventura lo pude fundir de forma definitiva con mi llegada al 112. Tenía un reto fantástico por delante, traer a España el modelo anglosajón de enviados especiales a las emergencias (Public Information Officer).

Los comienzos fueron, como casi siempre, duros pero aprendí todo lo necesario para poder aplicar las más modernas formulas de gestión de crisis a la información de emergencias y catástrofes. Para cuando llegó el 11 M ya estaba preparado.

Luego llegaron las redes sociales y otro nuevo y apasionante reto que supuso que fuéramos en primer servicio de emergencia de Europa en incorporarse a la conversación. Crisis y Social Media. Tweets que salvan vidas y también, porque no decirlo, grandes riesgos como la viralidad de bulos y rumores. Con ellos vinieron los equipos VOST a España gracias a los post que publiqué en 2011.

Redes sociales para la vida. Y como se trataba de salvar vidas: #Edcivemerg. La iniciativa Educación Escolar en Emergencias que junto a otro grupo de locos de las emergencias pusimos en marcha el 1 de febrero de 2012. Gracias a ella todos los niños de este país estudian ya primeros auxilios y seguridad vial de forma obligatoria y evaluable.

Y ahora, desde febrero de 2015 embarcado en la dirección del área de Crisis en Llorente & Cuenca. He pasado de ayudar desde la comunicación a salvar vidas, a salvar empresas. Un reto sin duda apasionante en el que tengo puesto todo mi empeño.

Y al fondo en el horizonte las montañas. Mis montañas.

Peñalara

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