Seguridad doméstica

Seguridad y tejido social: La autoprotección ante la crisis global

La historia nos ha enseñado una lección incómoda que a menudo preferimos ignorar: la civilización actual se sostiene sobre frágiles cimientos. Cuando las estanterías de los supermercados rebosan y el cajero automático escupe billetes, todos somos ciudadanos cívicos y ejemplares. Pero, ¿qué ocurre cuando la escasez se prolonga? La escasez prolongada genera ansiedad y tensión social. Y la tensión, irremediablemente, trae el desorden y, si este no se detiene, puede llegar el caos.

En situaciones de grandes emergencias y catástrofes, las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado pueden llegar a verse desbordados (¿Recuerdas la DANA de Valencia?). No porque no quieran ayudar, sino porque es matemáticamente imposible atender el caos simultáneo en cada calle y en cada barrio. Si la crisis derivada del conflicto en Irán nos llevase a un escenario de cortes de suministro o desabastecimiento severo, tu seguridad pasará a ser, en gran medida, tu propia responsabilidad. De momento, el racionamiento energético está ya a la vuelta de la esquina como ya ha anunciado la Comisión Europea.

Aquí es donde debemos derribar el mito más tóxico del preparacionismo de Hollywood: la fantasía del superviviente aislado. Grábate esto a fuego: el lobo solitario muere rápido.

Seguridad pasiva y la discreción como norma

Antes de hablar de la comunidad, debes asegurar tu perímetro más inmediato: tu hogar. La seguridad pasiva no consiste en convertir tu piso en una fortaleza militar, sino en hacerlo lo suficientemente disuasorio para que cualquier amenaza busque un objetivo más fácil.

  1. Barreras físicas: Como bien señala mi compañera Silvia Escorial, experta en seguridad ciudadana, en nuestro libro Protégete ante cualquier emergencia, una puerta blindada con cerradura multipunto y un buen escudo protector del cilindro (anti-bumping) disuaden al 90% de los intrusos ocasionales. Si vives en un bajo o un primero, los cerramientos de ventanas y persianas de seguridad son innegociables. Y si pones rejas ponles cerradura para poder abrirla desde dentro. Si no lo prevés, no podrás evacuar por la ventana en caso de incendio.

  2. Discreción Operativa (OpSec): Esta es la verdadera clave de la supervivencia urbana. Si tú te has preparado y el resto de tu bloque no, nadie debe saberlo.

    • Si hay un apagón general y tú tienes un generador o una estación de energía, no enciendas todas las luces del salón para que se vean desde la calle. Usa luz tenue y baja las persianas. Por cierto, un generador hace un ruido tremendo y no lo enciendas en lugares cerrados, salvo que quieras morir intoxicado.

    • Si cocinas con tu hornillo mientras el resto come latas frías, cuidado con los olores a comida caliente que se filtran por el patio de luces. Y lo mismo, ventila en lugares cerrados para no morir por una intoxicación con monóxido de carbono.

    • No tires las cajas vacías de tus reservas de comida (por ejemplo, latas o envases de camping gas) en el cubo de basura comunitario a la vista de todos. Oculta tu basura. La envidia y la desesperación son un cóctel explosivo. Puedes tirarla en contenedores más alejados y con discreción.

El mito del lobo solitario

Muchos creen que la solución a una crisis es encerrarse en casa con sus suministros, una linterna y un bate de béisbol, dispuestos a repeler a cualquiera que se acerque. Es un error táctico garrafal.

¿Por qué muere rápido el lobo solitario? Porque el ser humano necesita dormir. Si estás solo o sois sólo dos adultos en casa, no podéis mantener un estado de alerta 24 horas al día, 7 días a la semana. El cansancio te destruirá. Además, en una crisis prolongada, alguien tendrá que salir a buscar agua, intercambiar bienes o conseguir información. Si te pones enfermo o te lesionas, no habrá nadie que te cubra las espaldas. 4 personas haciendo guardias de dos horas es un mínimo razonable. Es ideal para trabajar en binomios.

Por cierto, una muy buena acción para hacer comunidad y velar por tu comunidad es hacerte voluntario de protección civil como muy bien sugiere Jesús Belenguer en su última publicación de «El Morrión».

Tejiendo la red: El valor de tu comunidad

Para sobrevivir a un colapso temporal, necesitas a tu «manada». Analiza tu entorno social y busca alianzas. La resiliencia no se improvisa. No se construye aislando paredes, sino tendiendo puentes.

  • Auditoría de talentos: Conoce a tus vecinos antes de que llegue la crisis. ¿Quién en tu bloque es enfermero,  médico o voluntario de protección civil? ¿Quién es fontanero, mecánico o electricista? ¿Quién tiene un vehículo 4×4 o herramientas pesadas? En una emergencia, un vecino que sepa primeros auxilios o reparar maquinaria vale su peso en oro.

  • Círculos de confianza: Empieza por organizar a tu núcleo familiar. Luego, expande tu plan de emergencia a esos vecinos de rellano con los que tienes afinidad. Cread un grupo de WhatsApp específico para «Seguridad del bloque». Si las comunicaciones caen, estableced un sistema de señales (por ejemplo, un golpe rítmico en las tuberías o un pañuelo de un color concreto en la ventana si alguien necesita ayuda). Podéis coordinados con walkies PMR pero ojo, las frecuencias son abiertas, cifra tus mensajes. Eso hay que diseñarlo y ensayarlo antes de que llegue la crisis.

  • Vigilancia compartida: En caso de apagones prolongados o disturbios, un bloque de vecinos organizado puede establecer turnos de guardia en el portal. Un edificio vigilado, iluminado (aunque sea con linternas) y con vecinos coordinados es un objetivo que los saqueadores evitarán sistemáticamente. Obviamente hablo de situaciones en las que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado no van a estar ahí para protegerte. No obstante, actúa siempre dentro del marco legal.

Casos de ejemplo: Venezuela y Sri Lanka

Para entender el poder de la comunidad organizada, miremos a algunas de las crisis económicas más severas de la última década.

En Venezuela, durante los peores años de hiperinflación y los temidos mega-apagones de 2019, la escasez de comida y la ausencia de policía sumieron a muchas ciudades en el caos. Sin embargo, hubo una clara diferencia entre los barrios que cayeron víctimas del pillaje y los que resistieron. En numerosas urbanizaciones y bloques de pisos, los vecinos se organizaron: montaron barricadas en los accesos a sus calles, establecieron turnos de vigilancia nocturna armados con palos y silbatos, y crearon «ollas comunitarias» para compartir la poca comida que tenían y alimentar a los más vulnerables. Las bandas criminales, que buscaban presas fáciles y desorganizadas, pasaban de largo al ver una comunidad unida y dispuesta a defenderse.

Lo mismo ocurrió en Sri Lanka en 2022. Cuando el país colapsó financieramente, sin combustible para que la policía patrullara y con cortes de luz de hasta 13 horas diarias, las tasas de criminalidad amenazaron con dispararse. Fueron los propios vecinos, comunicándose mediante grupos de mensajería y organizando patrullas vecinales, quienes mantuvieron la paz en sus distritos.

Obviamente son ejemplos extremos. Quiero creer que no llegaremos aquí ni de lejos. En cualquier caso, insisto nuevamente. No vulneres la ley.

Conclusión

La autoprotección no consiste en atrincherarte contra el mundo, sino en liderar la organización de tu entorno. Si logras que tu bloque de pisos en España, tu urbanización o tu calle funcionen como un equipo organizado ante una crisis de suministro, tu nivel de seguridad se multiplicará por diez. El tejido social es, en última instancia, el mejor chaleco antibalas que puedes ponerle a tu familia mientras el Estado recupera el control.

En el próximo capítulo te hablaré de cómo diseñar tu plan de emergencia familiar.