Conflicto global

El efecto domino: de Ormuz a tu bolsillo

Vivimos tiempos convulsos. Tiempos de policrisis o permacrisis, me da igual la denominación. En mi experiencia en el ámbito de la gestión de crisis y emergencias, he comprobado que el ser humano tiene una curiosa tendencia a pensar que las desgracias solo le ocurren a los demás, o que los conflictos que vemos en los informativos suceden en un universo paralelo que jamás cruzará la puerta de nuestra casa.

Vemos las tensiones en Oriente Medio, los misiles cruzando el cielo nocturno y las amenazas cruzadas entre potencias como si fuera una serie de Netflix. Pero te aseguro algo: en la sociedad globalizada en la que vivimos, la distancia es una ilusión. Estamos inmersos en lo que Winston Churchill llamó la «era de las consecuencias». Y las consecuencias de un conflicto a gran escala con Irán van a golpear directamente en la línea de flotación de tu economía doméstica.

No estamos hablando de un «cisne negro» (un evento impredecible), sino de un «rinoceronte gris» perfectamente previsible. Si el Estrecho de Ormuz se bloquea, el mundo tal y como lo conoces hoy, se frena en seco. Y cuando el mundo se frena, en España corremos el riesgo de apagar la luz y vaciar la despensa, aunque estemos en mejor posición de salida que el resto de Europa.

El cuello de botella: Geopolítica para andar por casa

Para entender tu nivel de riesgo, primero debes entender el tablero de juego. Imagina una manguera por la que fluye la sangre que mantiene vivo al planeta: el petróleo y el gas natural licuado. Ahora imagina que alguien pisa esa manguera.

Ese punto de presión se llama el Estrecho de Ormuz. Es un paso marítimo de apenas 30 kilómetros de ancho en su punto más angosto, situado entre Omán e Irán. Por ese estrecho transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial y una cuarta parte del gas natural licuado (GNL) global. Es la principal ruta de salida para el crudo de Arabia Saudí, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Kuwait.

Cuando Irán decidió bloquear el estrecho  el flujo energético global sufre un infarto. El precio del barril de Brent (el de referencia en Europa) no es que suba en los futuros o que pudiera llegar a pulverizar récords históricos en cuestión de horas. Lo relevante es que llegue la escasez. Y si no se abre el estrecho pronto, llegará.

¿Y qué significa esto para ti, que vives en Madrid, Valencia o Sevilla y piensas que Ormuz te queda muy lejos? Significa que el Efecto Dominó ha comenzado a producirse.

La ilusión de la normalidad y el sistema «Just in Time»

Nos hemos acostumbrado a un milagro cotidiano. Bajas al supermercado y las estanterías rebosan de productos traídos de todas partes del mundo. Le das al interruptor y hay luz. Vas a la gasolinera y siempre hay diésel.

Este milagro se sostiene sobre un modelo logístico llamado Just in Time (Justo a tiempo). Para ahorrar costes de almacenamiento, los supermercados y las fábricas apenas tienen stock en sus trastiendas. Su verdadero almacén son los miles de camiones que circulan por las autovías españolas en este mismo instante.

Pero esos camiones se mueven con diésel. Los tractores que aran los campos en Andalucía se mueven con diésel. Los barcos pesqueros en Galicia se mueven con diésel. Los fertilizantes que hacen crecer nuestros cultivos son derivados del petróleo y el gas.

Cuando el crudo se dispara por el bloqueo de Ormuz, el coste de producir y transportar absolutamente cualquier cosa se multiplica. Y esa factura, inevitablemente, se traslada a tu bolsillo. Es la inflación desbocada, el impuesto oculto que devora tus ahorros. Las crisis económicas, sociales y medioambientales, junto con los conflictos armados, han demostrado que el Estado no siempre puede garantizar la seguridad de los ciudadanos. Cuando los precios se vuelven inasumibles, la maquinaria se detiene.

Lecciones del pasado: La crisis del 73

Para saber lo que nos espera, solo tenemos que mirar por el retrovisor de la historia. En 1973, durante la Guerra del Yom Kipur, los países árabes de la OPEP decidieron no exportar más petróleo a los países que habían apoyado a Israel.

Aquel embargo causó un shock global. El precio del crudo se cuadruplicó. ¿Cuáles fueron las consecuencias?

  1. Inflación galopante: El coste de la vida se disparó. El dinero valía cada día menos.

  2. Frenazo industrial y desempleo: Las fábricas, incapaces de asumir los costes energéticos, tuvieron que paralizar su producción. Miles de personas perdieron su empleo.

  3. Racionamiento: En muchos países se impusieron límites de velocidad estrictos para ahorrar combustible, restricciones en el uso de vehículos y cortes de luz programados.

Hoy, nuestra dependencia tecnológica y logística es infinitamente mayor que en los años 70. Si el escenario actual se mantiene, el colapso de la cadena de suministro será mucho más rápido y agresivo. Y no lo digo yo, lo ha dicho la Organización Internacional de la Energía que ha advertido de una crisis peor que la de 1973.

El aviso para navegantes: Marzo de 2022 en España

No hace falta remontarse a los años 70. Las grandes emergencias nos avisan antes de golpear con toda su fuerza. Piensa en marzo de 2022. La invasión rusa de Ucrania disparó el precio de los carburantes. Llenar el depósito de un camión se volvió tan caro que a muchos transportistas españoles, literalmente, les costaba dinero salir a trabajar.

¿Qué ocurrió? Un paro de transportistas. Y aquí es donde la vulnerabilidad del sistema Just in Time quedó al descubierto, desnuda frente a todos nosotros.

En apenas tres días de paro, las consecuencias fueron dramáticas:

  • Estanterías vacías: La leche, el aceite de girasol, la harina y los productos frescos desaparecieron de los supermercados.

  • Industria paralizada: Fábricas de automóviles, empresas lácteas y de la industria agroalimentaria tuvieron que detener sus cadenas de montaje porque no recibían piezas ni envases. ERTEs repentinos para miles de trabajadores.

  • Caos social y compras de pánico: Ante el miedo al desabastecimiento, los ciudadanos vaciaron lo poco que quedaba en un comportamiento irracional (cerebro reptiliano al mando) que solo empeoró la situación.

Y esto, insisto, ocurrió solo porque una parte del sector del transporte se detuvo unos días por el precio del combustible. Imagina ahora ese mismo escenario, pero multiplicado por diez, prolongado en el tiempo y derivado de una escasez real de suministro global a causa de una guerra en Oriente Medio.

El riesgo real: Frenazo industrial y desabastecimiento temporal

Si la crisis en Ormuz estalla, el panorama en España a corto y medio plazo se dibujará con trazos muy duros. Es fundamental que tomes conciencia de que no puedes depender exclusivamente de terceros.

  1. La crisis del transporte: Los fletes marítimos se encarecerán de forma brutal al tener que bordear África en lugar de usar el Canal de Suez y el Mar Rojo, añadiendo semanas a los envíos (sobre todos si los uties deciden bloquear el estrecho de Bab el Mandeb por donde pasa el 12% del comercio mundial de petroleo y una gran cantidad de otros productos que llegan a Europa a través del Canal de Suez. A nivel interno, el litro de combustible en España podría alcanzar precios prohibitivos, obligando a racionamientos o a paros logísticos masivos.

  2. El colapso agrícola y ganadero: Sin fertilizantes baratos y sin combustible para la maquinaria, la producción de alimentos se encarece y se reduce. Estamos en primavera y hay que fertilizar ya para poder plantar.

  3. Desabastecimiento temporal: Como ya vimos en la pandemia o en Filomena, los huecos en los supermercados serán la norma. No hablaremos de pasar hambre extrema de la noche a la mañana, pero sí de no encontrar lo que necesitas, cuando lo necesitas, y de tener que pagar precios exorbitantes por lo básico.

Aceptando la realidad para empezar a actuar

El viejo dicho de «Más vale prevenir que curar» nos viene de maravilla. Sólo aquellos riesgos que se identifican con claridad son susceptibles de ser mitigados. Ahora ya sabes cómo la mariposa que bate sus alas en Irán provoca un huracán en tu nevera.

Es muy probable que, al leer esto, sientas cierta inquietud. Es natural. Y de hecho es mi objetivo aunque esto no me convierta en el amigo más divertido con el que ir de fiesta. Temor, sorpresa, angustia, enfado… Es natural que se presenten, pero no tienen por qué tomar el control sobre tus actos si eres capaz de reconocerlos. El miedo paraliza, pero la preparación empodera. No podemos ir al Estrecho de Ormuz a detener la guerra, no podemos controlar el precio del barril Brent y no podemos evitar que la estanflación golpee la economía nacional.

Pero sí podemos controlar lo que ocurre de puertas para adentro en nuestra casa. El Estado no puede estar en todos sitios y menos en una situación de catástrofe que, de no retomarse las exportaciones de gas y petróleo, va a llegar. Si asumes que el desabastecimiento temporal y la inflación son riesgos reales derivados de este conflicto, puedes empezar a proteger a tu familia desde hoy mismo.

El primer paso es entender la amenaza. El segundo, que abordaremos en un próximo post, es crear un búnker financiero para proteger el sudor de tu frente de la ola inflacionista que se avecina. Prepárate para entrar en acción.